La Sierpe de Jala
En esta ocasión quise escribir sobre la leyenda de la Sierpe de jala que se conmemora la quema el día 8 de Septiembre en la Iglesia de la Virgen de la Natividad, ya que se encomendaron a ella para que les ayudara a cazar y dar muerte a la sierpe. Disfruten esta hermosa leyenda del gran pueblo de Jala, comencemos...
Corría el año del 1784, en algún lugar situado en la serranía que hoy sabemos que es el municipio de Xala, Nayarit, cuando dicen que aquellos que saben sucedió un terrible suceso que aterrizo a todos los que habitaban esta apreciable comarca.
En uno de esos pobladores; de esos de allá que están pegados a la falda del volcán Ceboruco, la vida de los pobladores transcurría como siempre, en paz y tranquilidad...
Allí vivían Mariano y Felipe primos entre si. Un día muy tempranito se preparaban para internarse en el monte armado con un arco, un ato de flechas y un puño de piedras para la honda, de esas bolonguitas del riachuelo.
-Hoy si tenemos que cazar algo porque ya nos tildan de buenos pan´nada- le dice Mariano a su pariente.
- Ya verás, hoy no se nos escapan las patagonas que bajan a las pitahayas y con suerte, hasta un tejón nos pepenamos- respondió con entusiasmó Felipe y parapetados bajo unos arbustos y esperan...
- Ya me estoy imaginando una güilota en el comal de mi agüela Jacinta- Comenta uno de ellos- y el otro igualmente emocionado le responde.
- Déjate de eso, pariente, el tejón que yo me voy a descavechar va a estar mas bueno ja, ja ,ja...-
Y cual va siendo su sorpresa que a pocos pasos de donde estaban, van viendo una pareja de jabalíes retozando muy campantes en el zacatal.
Ya se podrá imaginar el gusto que les dio... no lo podrían creer.
La carne de estos robustos animales seria suficiente para alimentar a toda la comunidad durante varios días, además, tales presas significaría para ellos un enorme prestigio, todos hablarían de la proeza por mucho tiempo... se acabarían esos díceres de la gente;
- Sólo saben cazar ratas y tlacuaches- decían en el poblado... eso se iba a terminar para siempre.
Bueno, eso al menos era lo que suponían, ¡pero primero había que cazarlos!
Encomiendan a quien se sabe qué santo para que le des puntería y salen de su escondrijo con tal gritería que los porcinos salvajes se les escabullen despavoridos entre los zarzales.
Olvidaron que la serenidad y la paciencia, son cualidades fundamentales de los buenos cazadores.
Y aunque los muchachos eran duchos en eso de remontarse entre la maleza, los cochis salvajes lo eran mas y pronto se les pierden de vista.
Los persiguen por varios minutos pero es inútil, ni un rastro de animales. Cansados por la infructuosa persecución, se deberá en un riachuelo a descansar y volver a llenar sus bules...
- Ni se te vaya a ocurrir contar esto a los demás y menos al Guayo y sus hermanos- Advierte Felipe.
- Cómo pasas a creer semejante cosa pariente, se burlarían de nosotros por el resto de nuestra vida- le responde Marianito.
Ya una vez repuestos de la corretisa, Felipe y Mariano emprenden desmoralizados el regreso al caserío, con el pico caído el sueño de ser héroes de la caza se les había esfumado.
De pronto no muy lejos de ahí se escucha un extraño y escalofriante rugido y despuesito, el chillido de animales que evidentemente estaban siendo sacrificados por alguien... o por algo.
Curiosos de por sí, se acercan al sitio y entre los matorrales encuentran que sus codiciadas presas habían sido brutalmente destazadas, solo habían quedado retazos de huesos y un mazacote sanguinoliento de pellejos.
- ¡¡¡ Eh !!! ya se nos adelantaron pariente. pero ira, ni los huesitos abandonaron... pura pellejera... ¿Quién haría esto? - comenta Mariano azorado por el macabro hallazgo.
- Pos sabe pero mejores ámanos primo no vaya a ser la de malas de que ande un puma empicado.- Si amonos pal rancho y traite los pellejos para ver que cuento inventamos a los demás.- responde Felipe.
En eso estaban cuando justo detrás de ellos aparece una infernal bestia de dimensiones enormes, una especie de culebra gigantesca con siete cabezas por aquellos hocicos arrojaba bocanadas de fuego, afiladas garras y una arponada que azotaba el suelo con tremenda furia... que hasta la tierra temblaba ¡y además volaba!.
Sin dar créditos a los que vieron los asustados chamacos emprenden desaforada carrera metiéndose entre los arbustos y ramajales cosa que fue lo que les valio su salvación, ya que el monstruo aquel debido a su gran tamaño se quedo entreverado en las ramas de los arbustos lanzando bramidos .
- ¡¡¡ Córrele pariente, tá detrás de ti, te va a chamuscar la cola!!!- le gritaba Felipe a su aterrado primo que se había quedado retrasado en la huida.
- Pos eso hago, no más que siento las patas como hilachas.- le contestaba espantado Marianito.
Aprovechando que el engendro luchaba por safarse del ramajal, lograron escapar, corrieron como almas en pena y no pararon hasta llegar al ranchito.
Y en menos que canta un gallo llegaron al poblado con una grita, que todos los vecinos salieron de sus casas a ver que les había pasado, porque era tanta la escandalera. Entonces, comenzó a contar lo sucedido, desde luego con una versión mas a su favor; no mas les falto que fue la bestia quien huyo de ellos;- Entonces Felipe le sorrajó una pedrada en la pura chachoma y la bestia nomás chillo... contaban casi al unísono a los asombrados vecinos.
Por supuesto que muchos dudaron que fuera verdad; pero al poco rato llegaron unas gentes de otros ranchos que habían escuchado los extraños rugidos y visto la lumbrera de las quemazones... - ¡ ya ven, ya ven, lo que les contamos es cierto!- insistieron los chicos.
Uno que llego al mitote, aseguro que días antes cuando él y su familia bajaban de la serranía hacia Jala, habían visto montones de trojes y jacales quemados y que por los ranchos que pasaban, los pobladores estaban aterrados y les decían: - Es el chamuco , vomita madera por sus hocicos.-
Y así, las historias, los rumores y los chismes iban y venían y no nada mas mas en los pobladores chicos, sino que también en Jala, Ahuacatlán y hasta en Ixtlán.
Pasaron los días y pese que aquella bestia maldita no se sabia que hubiera embuchado algún cristiano, los pobladores de toda la región estaban espantados, nomas en cuanto las campanas de las iglesias repicaban dando las seis de la tarde, la gente se encerraba en sus casas a piedra y cal y no salían por nada del mundo.
Otros paisanos que ya se habían topado con el demoniaco animal y que por puritito milagro se habían salvado de ser devorados o chamuscados, confirmaban la versión de los chamacos: era como una iguana gigante como con mil cabezas, decían algunos, versiones que se contradecían entre unos y otros pero lo que casi todos aseguraron es que era una culebra que segurito habia salido del boquete del volcan; que casualidad que desde mucho tiempo atrás había estado aventado de lava.
¡Si! eso mero ha de ser, yo lo mire clarito- decía Dionisio, un vecino del ciruelo, un ranchito situado a la rivera del rio Grande Santiago; - Tiene cuerpo de serpiente y cabeza de garrabo- y agregaba: - El otro día estaba tan entrado refinándose un becerro que ni me vio y en eso, le clave un flechazo en el puro lomo ¡y sí, le hizo, porque bramo de dolor !
Con el relato de Dionisio, cierto o no, supieron que si le entraban las flechas, contimás los perdigones de los chisones, por lo tanto era mortal, lo que les dio valor y decidió enfrentársele.
Entonces, la gente de los ranchos y pueblos se armaron con palos, machetes, flechas, picanas de buey y cuanta cosa puede causar una herida y salieron valerosos en la búsqueda de aquel animal. Pasaron varios días pero ni sus luces de la desdichada bestia.
- Que ayer la vieron por le rancho de don fulano- decían, y para allá iba la sarta de envalentonados pero cuando llegaban solo encontraban trojes, jacales quemados y un regadero de carcajes de los animales devorados por "La Sierpe", que así le habían nombró ya al demonio aquel.
En toda la región, todos estaban espantados, la gente apuntalaban puertas y ventanas de casas y comercios, solo salían al mandado imprescindibles, ya que nadie salía ni a la misa dominical ni menos al rosario de las siete; no se vio ni un alma por las calles y por los caminos, ni quien se atreviera a transitar, ni de día mucho menos de noche.
En los sembradíos y pastizales era aun peor; la gente ya no quería pizcar ni pastorear, ya nadie cultivaba ni cosechaba, nadie ordeñaba, la leche se cuajaba en la ubre, la situación llego a ser a tal grado insostenible que empezó a asomar el fantasma de la hambruna y la amenazada de las epidemias , ya que muchos animales; vacas, puercos, gallinas, aparecían muertos...
- Algo vieron por la noche y los mato del susto- decían algunos, - ¡No que va! se cree por estar ái no más encerrados en los corrales, nadie les da de tragar-
- No´mbre se les ha de haber aparecido el mero chamuco, ese que anda suelto- decían otros.
Ante tal crisis, las autoridades civiles y religiosas de Jala tuvieron que tomar cartas en el asunto; había que acabar con la amenaza de esa bestia, porque ya escaseaba la mano de obra en los cultivos y pastizales de los terratenientes y aun peor, la ausencia de los feligreses en las misas y actos religiosos con la consecuentemente merma de sus obligadas limosnas.
Así que un buen día, los pobladores de toda la región, hartos del encierro forzoso, con la necesidad de conseguir el sustento y volver a su vida normal, se juntaron y dispusieron solicitar la ayuda divina.
Así, indios, criollos, mestizos, extranjeros y algunos milicianos, se organizaron para darle cacería al demonio aquel e involucraron la protección de la Virgen de la Natividad y salieron envalentonados decididos a terminar con la terrible pesadilla o morir en el intento.
No se sabe cuanto tiempo pasó la turba en la búsqueda de la mentada "Sierpe", recorrieron todos los rincones de la región y hasta anduvieron escudriñando el bosque del cráter del volcán, hasta que...
Una tarde del 8 de Septiembre de 1786, la enardecida multitud encontró al diabólico animal haciendo sus destrozos allá por el cerro del Tepehuaje y tras una feroz batalla que duro varios días con sus noches, finalmente, amparados por la divinidad de la Virgen de Jala, lograron darle muerte animal y acabaron la terrible amenaza de siete cabezas, que vomitaba lumbre y volaba llamada "Sierpe".
Algunas gentes cuentan que por temor que fuera resucitar, los restos con todo y tripas del demoniaco animal fueron echadas dentro del cráter del volcán "El Ceboruco" para que él se encargara de terminar de sorrascarlas.
Seguramente a Tonán, - como le llaman algunos al gigantesco volcán- aquellos desperdicios inmundos le causaron tremendos retortijones y casi un siglo después; en 1871 hasta 1875, eructó gigantescas bocanadas de humo y cenizas acompañadas con temblores de tierra, que causaron tremendos sustos a los pobladores de toda la región.
Desde entonces cada año el 8 de Septiembre se recuerda este espantoso suceso y para ello se construye con carrizo una versión de la Sierpe; se adorna con fuegos pirotécnicos y se sube a un cerro cercano al Santuario de La Natividad. Hacia la media noche la hacen descender por una cuerda lanzando luces y truenos, mientras la muchedumbre contempla fascinada la recreación del mito.
Esta festividad es única en la republica mexicana y constituye un importante elemento del patrimonio cultural de Jala.
Espero que les guste esta hermosa leyenda.
Por favor comenta y que mas leyendas te gustaría que pusiera en este blog. Además comenta de que hermoso municipio de Nayarit te gustaría que escriba su historia.
